¿Quién y cuántos de nosotros -si hablamos con honestidad-, ante una simple gripe acudía a un médico, antes de la epidemia? ¿Cuántos de quienes fallecieron se automedicaron como primera respuesta; a cuántos un médico con sobrecarga de trabajo sólo les recetó “antigripales”?
Pocos en México visitan al médico ante una gripe. ¿Por qué? Porque pocos saben que es mortal; no creen en la eficacia de los servicios de salud públicos en donde sólo les dan aspirina -salvo en segundo o tercer nivel-, y porque muchos prefieren la cura de la abuela, de origen prehispánico. ¿Por qué México pone los muertos?
Por su escasa cultura sanitaria, por la saturación e ineficacia de los servicios públicos, por la nula credibilidad social en esos servicios, y por la cultura de la automedicació n y remedios ancestrales. Y reconocer eso no le gusta a nadie.

